El Club de Trueque: una máquina de reciclaje de productos, de servicios, de personas. Un mercado alternativo basado en la diversidad y en la pluralidad.
Rodrigo
Cervantes Ramírez
Università
IUAV di Venezia
rodrigocervantes@hotmail.com
En la década de los ’90 Argentina se convirtió en meta de las
inmigraciones en Sudamérica. La paridad del peso con el dólar y la ilusión que
entraba en el primer mundo hicieron de ella un lugar atractivo para los
inmigrantes que buscaban una calidad de vida más alta, provenientes de países
limítrofes como Perú, Bolivia y Paraguay. Sin embargo, las políticas
neoliberales aplicadas en esta época culminaron en la peor crisis económica de
América Latina, cuyo punto de inflexión fue el diciembre 2001. Pobreza y desempleo
fueron los resultados inminentes de este proceso. La tasa de desocupación
alcanzo el 20% (INDEC, 2001). No obstante los efectos de la globalización y la
retirada del Estado, se dejaron intersticios, dónde se colocaron propuestas
innovadoras de autogestión. Sin embargo, como una paradoja, la crisis
económica abrió un espacio de libertad, donde varias iniciativas encontraron un
lugar de incubación. En éstas circunstancias nace el Club de Trueque (CdT).
Antecedentes
El CdT tiene como antecedente el Programa de Autosuficiencia Regional (PAR). Una ONG y editorial creados en 1989 por Carlos de Sanzo (psicólogo), Rubén Ravera (museólogo) y Horacio Covas (químico) a Bernal, Municipio de Quilmes, provincia di Buenos Aires. Estos tres personajes querían generar una economía partiendo de los nichos que dejaba la globalización. Ellos podían ver claramente que ésta última traía con sigo beneficios, pero también espacios de desinterés del mercado global. Zonas intersticiales de la economía formal que podían ser utilizadas para colocar un gran número de iniciativas. Estos nichos que dejaba la globalización podían comenzar a ser ocupados por procesos de autogestión, que no iban en contra del modelo dominante. Así como la globalización dejaba espacios intersticiales, al mismo tiempo, el mercado del trabajo formal dejaba a un lado un gran número de individuos. El PAR sostenía que en este mundo globalizado se había instalado una desempleo estructural y generalizado. Consecuencia de un salto cualitativo y cuantitativo de la ciencia y de la técnica aplicada al mundo de las relaciones productivas (Hintze, 2003, p.11). Según el PAR la gente, cuando se quedaba sin trabajo, entraba en una especie de shock. La única cosa que hacía era lamentarse. Comenzaba un proceso de auto compasión, justificaba su fracaso y no actuaba. Éste hecho venía interpretado por el PAR como la respuesta a una pérdida. La pérdida del trabajo significaba la pérdida del padre proveedor. El final de un sistema a cadena que les entregaba regularmente un salario. Por esta razón se crea en 1993 Emprendedores Anónimos; un proyecto a imagen y semejanza de la más conocida Alcohólicos Anónimos. El CdT es en cierta manera el resultado de estos primeros tentativos con Emprendedores Anónimos. El sentido fundacional de la primera red era formar una comunidad de contención interpersonal. Las reuniones servían para hacer reaccionar a la gente. El CdT es el resultado natural de algo más pasivo. De todas estas experiencias nace, el 1º de mayo de 1995, el primer CdT, formado por veinte personas que se reunían cada sábado e intercambiaban directamente los excedentes de producción de sus huertas. La meta era crear un mercado protegido para aquéllos que no se podían mantener a flote en el mar movido de la globalización y delante de la retirada del Estado (Hintze, 2003, p.166). La finalidad era reinventar un mercado sobre la base de los excluidos del sistema formal (Hintze, 2003, p.167). Los 3 fundadores del CdT veían el mercado formal como una escalera, donde el primer escalón, el que hay entre la economía formal e informal es muy alto, casi un abismo, insuperable para la mayor parte de las personas. Los otros escalones en la economía formal los veían más aceptables. El mercado del CdT, en cambio, es visto como un plano inclinado, con una leve pendiente y dónde cada uno puede ascender de acuerdo a su ritmo y a sus expectativas (Hintze, 2003, p.166). La finalidad era la construcción de un mercado apropiado a los actores.
El CdT de Bernal creció mucho y tuvo como sede un galpón remodelado. El lugar era una antigua fábrica textil, que cerro a finales de los años ’70, fue la tercera algodonera en el mundo y en su época de oro tenia 15 mil dependientes. Éste lugar fue llamado “La Bernalesa”. El complejo se convirtió casi en un símbolo, ya que representaba el pasaje de un sistema organizado a uno de autogestión. La metáfora es todavía más desconcertante: una fábrica, la imagen más alta del capitalismo y del progreso, regresaba a una actividad considerada obsoleta, el trueque. Y no con la finalidad de reproducir una actividad arcaica, sino de inventar una nueva economía. Actualmente éste lugar funciona como sede administrativa del CdT y del PAR.
Los 3 fundadores del CdT, influenciados por Schumacher (Schumacher, 1990), veían que el gran desarrollo del capitalismo, al cual se había llegado gracias al uso de una energía no renovable, los hidrocarburos, en algún momento declinarla. Veían que el planeta entraría en una crisis, por la falta de energía. Y, en este contexto, emergerían varios grupos: personas que comenzarían a generar sus propios recursos, su propia energía y que formarían grupos autosuficientes para no estar vinculados a las crisis económicas o a la falta de dinero producto de la acumulación. Ellos afirman que el sistema de acumulación del capitalismo tiene un grado de deficiencia tal, que, gradualmente, hace que la masa monetaria se concentre en manos de pocos y que cada vez haya más gente que se queda fuera del acceso al dinero. Los 3 fundadores del CdT pensaron entonces a un instrumento que los liberara de la dominación de la usura internacional, de las fluctuaciones del mercado y recuperar así la “soberanía monetaria”, contraponiéndose al monopolio en el que se basan los sistemas capitalistas para el control del dinero. Según ellos, para mantener el monopolio, los poderes que sostienen el control de los sistemas operativos implantan mecanismos por los cuales la gente se somete al rigor de la escasez o abundancia de circulante. En los sistemas capitalistas la Banca Central tiene le monopolio en la emisión del papel moneda. En vez de esto, los 3 fundadores, influenciados por Von Hayek (Von Hayek, 1994) que habla sobre la descentralización de los bancos, pensaron a la descentralización de los instrumentos de compensación o de intercambio. Trataban de diferenciarse también de los sistemas imperialistas. Según ellos, el dólar y el euro son monedas imperialistas, son monedas de dominación que responden a espacios territoriales.
Por estas razones, los fundadores imaginaron la pluralización de la moneda. Ellos imaginaron en un principio la pluralidad. La ciudadanía tenía que elaborar su moneda, cualquiera, hasta el mas modesto de los ciudadanos tenía que tener el derecho de plantear su crédito ante los demás. La pluralización de la moneda, más que la caída del sistema capitalista, representaba la caída de un mito. Según los 3 fundadores, si se pluraliza la moneda, se termina el monopolio; pero en la cabeza de la gente, por que la gente está casi convencida que el dinero es una gracia divina. La emisión de otra moneda por parte de los ciudadanos representa la emancipación del sujeto del “dios dinero”. Hace caer el tabú que la moneda sea un dios. Los fundadores, más que los creadores de un nuevo sistema, son los divulgadores de la caída de un tótem y de un tabú. Ellos hicieron una experiencia interesante: más de mil monedas personales, grupales, locales, globales, dentro del escenario del CdT en Argentina, de 1995 al 2002. Hoy un coleccionista de monedas, un numismático, podría hacerse un festín con los ejemplares más inimaginables, producto de muchos seres anónimos que se entusiasmaron y las hicieron. En Argentina el primer CdT fue creado en mayo de 1995, y para el 2002 había 5 000 CdT en todo el país. Se estima que 2.5 millones de personas han participado en el Trueque hacia mayo del 2002. Esta cifra representa el 7% de la población del país y más del 12% de la población económicamente activa (Hintze, 2003, p.11). La historia del CdT no fue escrita por los tres personajes que asistieron al nacimiento de una esperanza en una economía mejor, sino de miles de personas, anónimas, que creyeron y emitieron su crédito. Por esto no es una Historia, sino un cuento, oral y sin autor hecho de todos aquellos que creyeron.
El Club de Trueque y el crédito
El CdT es una propuesta innovadora, que durante la crisis argentina sirvió de contención económica y psicológica para la población. Gracias a éste y a otros mecanismos, el conflicto social en Argentina no fue mayor. El CdT es un mercado protegido, dónde los actores intercambian bienes y servicios usando una moneda propia: el crédito, de “creer en el otro”, es decir, con una visión humanista. Cada socio del CdT es llamado “prosumidor”. Cada prosumidor apoya sobre una mesa sus productos, y los intercambia a través del crédito. El prosumidor es una persona que produce, tiene excedentes y los intercambia convirtiéndose en un consumador. Éste concepto se tomó de libro “The Third Wave” del futurólogo estadounidense Alvin Toffler (Toffler, 1989).
La característica más importante del crédito es la aceptación de éste
como medio de intercambio. Estamos hablando entonces de un fenómeno colectivo
de aceptación y caída de un mito. La característica más importante del dinero
es que es un medio de intercambio aceptado por todos, solo que éste medio es
impositivo. El Estado impone la obligación de pagar al portador al presentar el
papel moneda, pero esto no depende de la aceptación o menos de la persona que
lo recibe. El peso argentino, el dólar y en general el dinero, tienen un poder
de pago obligatorio. En cambio los créditos del CdT no tienen tal poder. No son
un poder. La aceptación del crédito depende de las dos partes. “Si yo no quiero
aceptarlo, no lo acepto”, dice Rubén Ravera en una entrevista. Ésta es la
primera característica, es la piedra fundamental que permite la diversidad. El
reconocimiento de la moneda se da en la interacción, y no está establecido una
vez por todas. La cosa más importante para la diversidad es la no imposición.
En los CdT los créditos son aceptados al 100% de su valor nominal. El dinero es
uno, las monedas pueden ser muchas. El dinero vale por si mismo, la moneda
necesita del reconocimiento para tener su valor. El dinero tiene un valor a
priori, el valor del crédito nace de la interacción.
La emisión de la moneda comienza con un préstamo. Como los prestamos que
el FMI da a Argentina y que generan la eterna deuda externa que tiene éste país
con dicha organización. En el CdT la creación de la moneda tiene lugar de la
misma forma, sólo que éste préstamo no genera intereses. Todos los
participantes al CdT reciben 50 créditos por única vez cuando se inscriben y
después de haber asistido a varias reuniones de explicación del sistema. A cada
persona que se asocia al CdT se da éste préstamo, con la única condición de
restituirlo al momento en el cual se va definitivamente del CdT o decide no
participar más. Según los fundadores ésta es la única manera de recibir
créditos, además de recibirlos gracias al intercambio de productos y servicios.
Con el crédito, la moneda pasó de ser un bien escaso a ser un bien abundante.
Aún así, la cantidad de moneda no es infinita, sino suficiente, aumentando de
acuerdo al número de participantes. El crédito tiene que tener sólo la
característica de medio de intercambio y perder su atributo de reserva de valor
y medio para transferir valor en el tiempo. El crédito no se debe acumular.
Las personas, para integrarse al CdT, no tienen que tener ningún requisito, solo las ganas de integrarse, asistir a reuniones y después presentarse con sus productos u ofrecer sus servicios. En las reuniones que se realizan con el ingreso de nuevos socios se explica el funcionamiento del sistema y los preceptos ideológicos en los que se basa; pero no es necesario tener una afinidad ideológica predefinida. En este modo se abre el acceso prácticamente a cualquier persona.
Sin duda, la característica más importante en
la que se basa éste mercado es que “El acceso al dinero de curso legal no constituye
el factor limitante”(Hintze, 2003, p.12). Un mercado protegido dónde, a
diferencia del mercado formal, no se excluye a aquéllos que no tienen acceso al
dinero, los pobres, gracias también al hecho de que dentro del CdT se pueden
ofrecer servicios. En el CdT se pueden hacer cosas sin la necesidad de tener
materias primas. Una persona puede ofrecerse para cortar la hierba de un
jardín, por ejemplo. Las estadísticas oficiales en Argentina hablan de dos
millones de pobres hace veinte años; hoy las mismas hablan de veinte millones
(INDEC, 2004). La pobreza definida así, es sólo la falta de dinero. El pobre
tiene escasez solo de dinero, pero puede tener abundancia de tantas cosas, de
capacidades, por ejemplo. El pobre, una vez que supera el estigma de la falta
de dinero y comienza a preguntarse: “que es lo que se hacer”, pude descubrir
recursos latentes, que están escondidos, inutilizados, no explotados, sólo por
el estigma de la falta de dinero. De aquí la importancia de éste mercado. El
CdT estimula la creatividad, pero sobre todo, permite descubrir y aprovechar
éstos recursos.
Por éstas razones, el CdT punta sobre la preparación de la gente. Los 3
fundadores veían que muchas personas se quedarían fuera del mercado del empleo
formal, y que para ellos sería muy difícil reintegrarse como empleados de una
empresa, o empezar un trabajo autónomo, ya que estaban acostumbrados a un
modelo que organizaba sus actividades laborales. El CdT tenía que ayudar a la
gente a salir de un sistema organizado y pasar a uno de autogestión. Por esto,
una de las columnas portantes del CdT es la formación. Los diferentes cursos
que se han activado tienen la finalidad de re educar a la gente a producir.
Pero, la producción necesita ser activada. A falta del núcleo familiar que trasmite
los conocimientos que genera la empresa familiar, los estados, según los 3
fundadores, tendrían hoy que re educar a la gente al trabajo, así como en
pasado habían realizado las grandes campañas de alfabetización. Para producir
son necesarios maestros, para aprender otra vez a producir.
En Argentina fueron desplazados del mercado formal, además de aquéllos
que por su edad y conocimientos no eran requeridos, gente competente, que aún y
cuando estaba calificada, no podía ser absorbida por el mercado formal del
trabajo. Tal situación no se demostró transitoria, ya que muchos buscaban y
siguen buscando trabajo desde hace años. Una persona sabe que si pierde el
trabajo, no lo va a volver a encontrar. Ésta gente forma el grueso de la
población del CdT, que de un día a otro
se encontró empobrecida. Los medios de comunicación los llamaron “los nuevos
pobres”, ya que antes pertenecían a la clase media. Tal vez a esto se debe el
suceso del CdT, ya que se encuentra un gran espíritu emprendedor: es la clase
media que trata de recuperar su estatus perdido.
El CdT se mantiene gracias a sectores de clase media que a pesar de que
sienten los efectos de la crisis, se benefician de un ingreso por empleo o
pensión (Hinteze, p.182). A éstos se aúnan aquéllos que tienen un ingreso por
trabajo informal. Basta que uno de los miembros del núcleo familiar cuente con
un pequeño ingreso en pesos para comenzar una actividad productiva al interno
del CdT. De hecho, en algunas entrevistas, se evidencia la disponibilidad de
una cantidad de dinero mínima, pero segura y continua, que permite a las
familias la adquisición de materias primas para producir bienes. El CdT
estimula a la gente que tiene una capacidad productiva propia, y que, por
varias razones, se encuentra excluida de la economía formal. Ésta capacidad
está desperdiciada en el sistema formal y es valorizada en el CdT. El uso de la
capacidad productiva es una ventaja y una desventaja al mismo tiempo, ya que el
uso del dinero entra en contradicción con la ideología del CdT. Los productores
necesitan dinero para poder adquirir las materias primas en el mercado formal.
Éstas últimas, en general, no se encuentran al interno del CdT. El mercado
interno de los alimentos, el más importante, siempre se mantiene en relación a
las fluctuaciones del mercado externo. El sistema tiene así un anclaje, pero
que sirve para estimular la producción. No se debe olvidar que en un momento de
crisis, éste mecanismo ayuda a incentivar
el mercado formal de las materias primas. De Soto había ya evidenciado
ésta característica que tienen las actividades informales (De Soto, 1990). El
CdT se sostiene gracias a que se encuentra en un intersticio, una especie de
no-lugar, entre la economía formal e informal. Éste no-lugar, hace posible su
acción. El sistema del CdT no es independiente del sistema del dinero,
sino complementario. Pero tal vez en
esto basa precisamente su suceso.
Sin duda, las personas que han podido hacer frente a la crisis económica
con menos dificultad, son las que tienen dos o tres empleos formales y/o
informales; fenómeno bien conocido en los países de América Latina, donde la
mayor parte de la gente tiene más de un trabajo, y en muchos casos, el segundo
es informal. En ésta parte del mundo, desde hace años muchas personas que se
quedaron afuera del sistema formal y han emprendido actividades informales.
Realizar actividades informales es un modo para salir de las crisis económicas.
En el momento en que una persona es despedida, tiene todavía otras posibilidades.
Las familias acostumbradas a tener varios trabajos, entre ellos uno formal,
construyen un puente entre la economía formal y la informal. El CdT hace más
fácil este pasaje. La modernidad presentó en empleo como la actividad principal
y cotidiana del hombre, única y uniforme. La pluralidad pone al centro de la
atención la diversificación del trabajo, la pluralización de las fuentes de
ingresos. Tener muchos trabajos es una característica que prepara a la gente
par la diversidad. El empleo es uno, los trabajos pueden ser muchos. Tener
muchas fuentes de ingresos quiere decir entrenarse para la diversidad. El
suceso del CdT es la diversidad, no hay más una división entre el mercado
formal e informal, los dos se complementaban en una especie de ecuación en la cual
no se puede distinguir donde termina uno y donde comienza el otro.
Son mujeres, en su gran mayoría, las que concurren al CdT. Las mujeres
han sabido muy bien como realizar éste pasaje entre la economía formal e
informal. Ellas logran lanzar un puente en el abismo entre las dos economías.
Un puente lanzado entre dos mundos (Lanzara, 1993). Su universo económico no
distingue hasta donde llega la economía formal y donde comienza la informal.
Tal rígida distinción no existe, todo forma parte del mismo universo económico.
El hecho de usar otra moneda no asusta para nada a las mujeres empeñadas en los
intercambios dentro del CdT. Ellas emplean también, como siempre, el peso, para
poder pagar los servicios municipales, o para poder comprar lo que no
encuentran al interno del club. El CdT más que una iniciativa revolucionaria,
es visto por las mujeres simplemente como otra fuente de ingresos. No es
aceptado en cuanto diferente, sino más
bien por que pluraliza las maneras de obtener un ingreso y de acceder a bienes
y servicios.
La gente trae una credencial que demuestra la pertenencia al CdT y una
persona que no trae producción no entra, aún y cuando se permiten la venta de
cosas usadas. Actualmente se pagan 2 pesos y 5 créditos para entrar al CdT, que
se encuentra en un galerón ubicado en la avenida Calchaquí en Bernal,
municipalidad de Quilmes, provincia de Buenos Aires. El crédito está hecho de
un papel con filigrana. Tiene 10 medidas de seguridad que lo hacen
prácticamente infalsificable. La gente que se encuentra hoy, es aquélla que
desde hace tiempo hacía parte de la iniciativa. Según los fundadores, a la
gente le gustan los mercados del CdT, pero sobre todo, aún y cuando la
situación desde el 2001 ha mejorado, de todos modos el poder de adquisición de
la gente se quedó muy bajo. “Por pesos no se puede vender tanto como por
créditos, así es más fácil”, decía Azucena en una entrevista. Los alimentos
preparados están a la base del sistema, si hay éstos, las otras cosas
funcionan. Siempre ha habido varios niveles en el CdT. En la base, siempre ha
estado la alimentación; y en segundo lugar los servicios como peluquero,
jardinero, mecánico, etc.
Esto muestra hoy una tendencia que existió siempre, la
posibilidad de que el CdT se convierta en un Comedor Popular. Otra
característica importante que encontramos hoy es la realización del trueque
directo. Además del uso del crédito, hay muchos prosumidores que intercambian
sus productos por otros. La señora Susana intercambió una bolsa de pan por un
paquete de detergente, por ejemplo. Esto confirma al trueque como la fuente de
todos los intercambios, pero sobre todo confirma que éste no tiene que
desaparecer forzosamente si se pasa a sistemas en teoría más “evolucionados”.
No existe una lista de precios establecida al interno del CdT. Los
precios, según los fundadores, son dejados a la ley de la oferta y la demanda.
En realidad, ésta es la esencia del trueque: el precio se forma en la
interacción, no existe a priori. El mismo producto tendrá diferentes precios según
diferentes transacciones. No obstante, los mecanismos de control social
permiten que no haya abusos y que se evite la especulación. El valor es de
alguna manera controlado por la misma comunidad. Cuando un comerciante pretende
vender un producto a un precio excesivo, la misma comunidad pide que se baje el
precio, y así, el comerciante no puede especular. Los mecanismos de control
social aseguran la correcta gestión de los intercambios. Los
mecanismos de control social, se utilizan sobretodo para aquéllos artículos que
la gente necesita en un periodo determinado, por ejemplo, los útiles escolares
al inicio del año escolar. Una coordinadora
tuvo que intervenir para poner fin a un pleito entre varias mujeres
sobre el precio de los lápices, llegando a un acuerdo entre las partes.
La formación del precio por parte de la gente es de máxima importancia.
Las personas toman en consideración el precio de los productos en pesos, y
hacen una proporción que varía según los productos para poder dar un precio en
créditos. Otras personas dicen tomar en consideración también el valor del
dólar. El mercado de las materias primas no es el único que depende de las
fluctuaciones del peso argentino. En realidad, todo el sistema es comparado por
la gente al sistema formal. El uso del crédito por una parte facilita la
comprensión y el suceso del sistema, pero por otra parte, su semejanza con el
dinero, hace inevitable una comparación. “Originalmente, para hacer más
comprensible el sistema, se sostenía la paridad 1 peso = 1 crédito” (Hinteze,
2003, p.163). Ésta paridad no está fijada ni establecida por los fundadores, ni
tampoco escrita en ningún documento. Según los fundadores la gente compara
intuitivamente el crédito con el peso. Las personas, tomando en consideración
los precios en el mercado formal para decidir sus precios al interno del CdT,
hacen que el sistema permanezca anclado a las fluctuaciones del dinero, y de
ésta forma, lo hacen contrario a la concepción teórica. El sistema del CdT no
es independiente del sistema del dinero, sino
complementario. Pero tal vez en esto basa precisamente su suceso.
Actualmente existe un problema: la inflación. “Afuera 2 Kg. de papas
cuestan 1 peso, mientras aquí 4 o 5 papas cuestan 5 créditos” decía la
prosumidora Nelida en una entrevista. Mientras Gabriela, otra prosumidora,
afirma: “Afuera no están subiendo los precios, en vez aquí, si”. Según los
fundadores el problema de la inflación
apareció después de sólo un año de activación el CdT . “Cuando se activo el
CdT, 1 Kg. de pasta costaba 4 créditos y ahora cuesta de 15 a 20, afuera se
paga 0.70 pesos”, afirma Norma en una entrevista. Lourdes dice al respecto: “Ya
están empezando a subir los precios, el aceite, por ejemplo, costaba hace tres
meses 20 créditos, y ahora cuesta de 30 a 50”. En algunos productos se especula
mucho, sobre todo en las materias primas como azúcar, aceite, harina y arroz.
Éstos casi siempre escasean, y cuando los hay, son vendidos a precios altos.
Estos productos son comprados en el mercado formal en pesos y re vendidos a
precios relativos muy superiores en créditos. Un prosumidor decía: “Usted no
puede dar éste precio, es mucho más alto que en el mercado formal, es
increíble!”. Según los prosumidores el aumento de los precios es necesario, ya
que algunos los aumentan los precios demasiado. Ana da un ejemplo: “Vez éste pancake que compré ahora en el CdT, en
el mercado formal me cuesta 1.50 pesos y yo lo he pagado 15 créditos. Yo tengo
que dar mi azúcar, que en el mercado formal me cuesta 1.50 pesos a 15 créditos,
así de simple”.
Otra característica del sistema es la falta de circulante de pequeñas
dimensiones. Los prosumidores poseen bonos de 20, 50 y 100 créditos, que no
pueden gastar. Esto hace que el sistema éste muy tranquilo. La gente primero
vende, por que no hay muchos créditos de ½, 1, 2 y 5, y después compra. Los
bonos de pequeña dimensión fueron retirados en la activación del CdT como medio
para frenar la inflación, y que los precios no crecieran tanto. Los bonos son
cambiados en pequeñas cantidades, a través de un sistema de cupones, impresos
en la publicación que se recibe al ingreso del CdT, cuando se paga la entrada.
“Debo juntar 20 o 50 cupones para tener bonos de pequeña dimensión”, dice
Yolanda en una entrevista. Esto por una parte incentiva a la gente a ir al CdT
y por otra evita el exceso de circulante. Según los fundadores un problema es
que la gente llega de otros CdT a vender a precios altos algunos productos y
después no compra nada, se lleva los créditos, creando una ulterior falta de
circulante. Cuando se activó el CdT de Bernal, el nodo principal de la Red,
muchos CdT no quisieron asociarse, y por eso no tenían acceso a los nuevos
créditos. En vez de producir sus créditos, comenzaron a llevárselos del CdT de
Bernal a través de éste mecanismo.
Según los fundadores, los dos elementos cardinales del sistema hoy son:
que a la gente le gusta el contacto que hay en los mercados populares y la
moneda oxidable. Rubén Ravera dice: “Ésta no es ninguna novedad, ha dado prueba
en el curso de la historia de prosperidad, por ejemplo en la Edad Media”. La
oxidación de la moneda es una teoría presentada por el economista alemán-
argentino Silvio Gessel en su libro El Orden Económico Natural (Gessel, 1936). Consiste e un atributo de la moneda
por el cuál ésta pierde su valor con el pasar del tiempo, contrastando el
sistema en el que se basa el capitalismo, por el cuál el dinero tiene como
atributo el hecho de servir como reserva de valor y medio para transferir el
valor en el tiempo. Gessel puso en práctica éste sistema en los años 30 a
Bergel en Austria a nivel Municipal. Se ponía un timbre en la moneda, se
prelavaba un impuesto que iba a la municipalidad y después se redistribuía. Un
impuesto de circulación que desincentivaba su acumulación. Rubén Ravera dice al
respecto: “Nosotros imaginamos repetir ésta experiencia, pero sin el Estado, en
manera más anárquica”. Aplicada al CdT consiste en el hecho de que el crédito
pierde mensualmente el 1% de su valor nominal. Por ejemplo, si yo tengo al
inicio del año un bono de 10 créditos, al final de éste, si lo cambio por una
nueva edición, tendré 8.8 créditos, perdí el 12%. Rubén Ravera explica: “éste
12% donde va? A una entidad que lo recoge? No. No va a ninguna parte. Se
pierde, como en la naturaleza. Si un bono de 100 pasa a valer 88, los 12
créditos se desintegran, no se redistribuyen en obras públicas. Un keynesiano
diría: tomemos ese 12% y redistribuyámoslo. Nosotros decimos, que otra Red o la
misma Red lo incorpore si son necesarios, si la demanda lo justifica”. Según
los fundadores no queda ningún vacío, ya que si se necesita otras Redes o la
misma ocuparán ese vacío, dependiendo de la credibilidad del sistema. La
oxidación de la moneda se pone en práctica cuando se cambian los créditos por
una serie nueva. La primera experiencia importante de oxidación, es decir, el
primer cambio se realizó el 1° de enero del 2004. Hoy se está poniendo a prueba
éste nuevo atributo experimental del crédito.
Según los fundadores todo se oxida, como en la naturaleza, pero también en el mercado. Rubén Ravera dice en una entrevista: “Los alimentos son perecederos, la ropa es perecedera, lo que no es perecedero desde el punto de vista físico lo es a través de otros tipos de argucias, por ejemplo la moda. Si la polilla no se come las telas, lo hace la industria de la moda, que es artificial, lo mismo sucede con los automóviles. La tecnología se oxida, nosotros nos oxidamos, morimos. La pregunta es: por que la moneda no debe oxidarse? Que clase de privilegio! La moneda es un medio de información, es un prestador de servicios, es un servicio y debe competir con cualquier otro producto del mercado. Si la moneda no se somete a las reglas del mercado se está cometiendo un grave error. Se esta introduciendo Dios en el mercado. Por que Dios es infalible, Dios es eterno, Dios tiene atributos que no tiene los seres humanos. Estamos hablando de una entidad que no se oxida, como el oro, Dios no sufre de obsolescencia, como en vez sufren la vestimenta, el plástico, la tecnología, el conocimiento”. La falta de oxidación del dinero es una característica que va contra la naturaleza misma del mercado. Gessel decía que la falta de oxidación del dinero ayuda aquéllos que acumulan por instinto patológico y hacen así tanto daño a la economía. Los fundadores afirman que si se concibe la moneda como una herramienta, gran parte de las anomalías que tiene hoy el mercado mundial y la economía podrían llegar a tener otra lectura. La oxidación va en contra de la acumulación. La oxidación hace que la gente no retenga los créditos y los haga circular. Sin embargo los 3 fundadores afirman que ellos no están en contra del ahorro, sino e contra de la acumulación por la acumulación: “Nosotros no estamos desincentivando el ahorro, sino la acumulación como vicio, como miedo a desaparecer, como temor a la escasez, y a la muerte. Una persona sana en vez de acumular, redistribuye, primero a los hijos y a la esposa, luego a los otros familiares y amigos, y después a los más alejados”. La moneda así tiene una vida útil. En palabras de Rubén Ravera: “la moneda, como todo, muere. Y si alguien piensa que aferrándose a un billete, puede vivir más, que sepa que ésta idea está vacía. En definitiva, morimos. Ninguno se queda para ser semilla”.
En CdT se presenta hoy como un mercado donde diferentes recursos,
desperdiciados en el sistema capitalista, son valorizados. El ejemplo de una
vendedora boliviana de verduras puede mostrar ésta potencialidad. “Vengo cada
miércoles y sábado. Traigo lo que no puedo vender en el mercado. Antes tiraba
todo, ahora ya no. Por la verdura que me queda obtengo créditos, que me sirven
para comprar cosas al interno del CdT”, comentó Lourdes en una entrevista. Las
cosas que en el mercado formal son desperdiciadas, en el CdT se convierten en
recursos. La verdulera había encontrado una zona de desinterés del mercado
formal, un intersticio del cual podía aprovechar para su actividad. Las cosas
que en el mercado formal no pueden ser colocadas, encuentran en el CdT un “buen
mercado”. Ésta iniciativa no contrasta el sistema global, sino lo complementa.
En el CdT confluyen diferentes grupos sociales, entre ellos, los inmigrantes
bolivianos, que ejercen un rol fundamental, ya que llevan los productos de la
tierra que ellos mismos cultivan. Así como venden en los mercados formales por
pesos argentinos, venden también al interno del CdT por créditos, haciendo un
pasaje casi espontáneo de la economía formal a la informal. Los productos que ya no se pueden vender
afuera, los llevan al CdT donde son valorizados. Aprovechando así, esta zona de
desinterés. Lo que a los ojos del mercado formal es un desperdicio, se
convierte en un recurso, y constituye la base para construir un mercado
alternativo. Otro ejemplo es el de Susana, que dice: “Vengo al CdT sólo cuando
un amigo de mi marido me trae el pan que le sobra, lo que ya no puede vender”.
El CdT es la activación de un mercado dónde éstos recursos son ocupados y ya no
desperdiciados. La activación de un mercado apropiado a los actores. El CdT
pone en contacto éstas personas, y hace de ellos una Red. El CdT moviliza lo
que el mercado no moviliza. La finalidad es aquélla de no desperdiciar nada, de
reciclar todo, de usar todo.
El mercado global, no sólo deja fuera los productos sino las personas.
Dicho en la palabras de Lietaer “las tecnologías de la información permiten
tener un crecimiento económico sin el aumento del empleo”(Lietaer, 2001). Lo
que Rifkin anunciaba en su libro el final del trabajo: “los empleos ya no
existirán ni siquiera en las buenas épocas” (Rifkin, 1999). Rubén Ravera,
fundador del CdT afirma también: “Hoy se tiene que quitar a la gente de las
estructuras anacrónicas. Pensar que una industria se instalará en mi barrio, me
contratará y me pagará un salario, esto se termino. La gente trabajará en casa,
o sobre un tren, en una plaza, con una computadora, con un teléfono, freelance”.
Ésta es la metáfora de nuestros tiempos: la técnica que deja afuera del mercado
a los trabajadores, inservibles al sistema formal. Como quien tira una botella
vacía. La diferencia es que estamos hablando de personas. El CdT es en sí mismo
una máquina de reciclaje, de productos, de servicios, de personas. El Club de
Trueque se convierte así en una verdadera máquina de reciclaje, donde la pluralidad
social es un recurso que pone en función el sistema. Lo que no se utiliza más
en el sistema formal, sirve para construir un mercado. Un mercado con las cosas
que son tiradas por el sistema formal. Un sistema que trata no sólo de eliminar
las desviaciones e incongruencias del capitalismo, sino trata de construir una
opción innovadora. Para probar que se puede construir un castillo sólo ruinas
(Levi-Strauss, 1964).
No obstante los problemas que ha
tenido, el CdT es hoy un mecanismo latente, que dio prueba de su utilidad, y
que ésta listo para dar contención en momentos difíciles. Sin duda alguna, la
cosa más importante se quedo impresa en la cabeza de la gente: la moneda no es
un Dios, es solo una herramienta que no es única, sino plural. Y lo más importante:
que un mercado se puede activar aunque no utilice el dinero de uso corriente
para sus intercambios. El CdT podrá existir o no, pero el verdadero cambio se
quedará impreso en la gente. Esto portará a un cambio en las generaciones
futuras por que logró realizar un cambio en el pensamiento, en el modo de
razonar de la gente. Esa gente lo transmitirá a la próxima generación.
En Argentina se realizaron las políticas más neoliberales que jamás
hayan sido actuadas en un país del Sur del mundo, cosa que llevó a la caída del
sistema económico. Mientras Argentina soñaba de entrar a formar parte del 1er
mundo y así alcanzar un estadio más alto en la línea del desarrollo; el país
emprendía seguramente otro camino que seguramente no llevaba al progreso,
entendido a la manera occidental. El fenómeno del CdT fue descrito en los
periódicos: “Argentina regresa al trueque”. Así en vez de un paso adelante,
parecía que el país diera uno de regreso.
Cuando los periódicos afirmaban esto, parecía que Argentina hubiera
pasado de un estadio superior a uno inferior en la línea del progreso. Sin
duda, el CdT es una iniciativa innovadora que, no sólo trata de contrastar los
problemas del capitalismo, sino trata de dar soluciones a ciertas problemáticas
actuales. La crisis de la economía argentina no es más que le reflejo del
sistema económico global, y la respuesta del CdT es más que sólo una simple
respuesta local. La pregunta es: como es posible que desde el trueque haya podido
emerger un sistema que llego a proponer un sistema económico alternativo? Esto
parece obviamente contradictorio respecto a las teorías del desarrollo. El CdT
no pone en duda sólo el sistema económico, si no los conceptos de progreso,
desarrollo y de linealidad del tiempo.
El trueque, considerado un residuo por la ciencia económica, ha
producido un sistema innovador, que no sólo hizo un mercado con los excluidos
del sistema formal, considerados inservibles, sino trata de eliminar las malas
prácticas del sistema capitalista. Es en éste residuo, es dónde tal vez se
puedan encontrar los indicios para una renovación de la teoría económica. El
trueque, olvidado por la economía moderna, es la fuente de la cual puede nacer
una cuestión teórica. Lo que la economía consideraba un desperdicio, sirvió
para construir un sistema innovador. Todavía hoy se encuentran personas que
realizan el trueque directo en el CdT. Él paso de un sistema, si se quiere más
“avanzado” con créditos, no comportó la desaparición de uno más elemental, al
contrario, éste continua a ser la fuente de cada transacción. El trueque es la
fuente de todos los intercambios y de todos los sistemas económicos. Se le
considera arcaico en la línea del progreso, pero sin duda, se encuentra todavía
hoy, listo para dar vida a nuevos caminos. Como la aparición del hombre no
comportó la desaparición de los monos, el trueque es hoy una reserva salvaje de
la cuál pude nacer una cuestión teórica (Lévi-Strauss, 1964). Es en ésta parte
olvidada e inútil de la economía que se puede encontrar el avenir de la ciencia
económica.
La pluralidad confunde los confines, el pasado con el futuro, la
formalidad con la informalidad. Construye un espacio de libertad sin confines,
donde otro mundo es posible.
Referencias
S. Gessel, 1936,
El Orden Económico Natural, Editorial E. Gesell, Buenos Aires, Argentina.
F. A. Von Hayek, 1994, La desnacionalización del dinero, Planeta Agostini, Barcelona.
S. Hintze, 2003, Trueque y Economía Solidaria, Prometeo Libros, Buenos Aires,
Argentina.
INDEC, 2001, Anuario Estadístico, Instituto Nacional de Estadística y Censos,
Buenos Aires, Argentina.
G. F. Lanzara, 1993, Capacità negativa, Il Mulino, Bologna.
C. Lévi-Strauss, 1964, Il pensiero selvaggio, Il Saggiatore, Milano.
B. Lietaer,
2001, The future of money, Century, London.
J. Rifkin, 1999, La fine del Lavoro, Baldini & Castaldi s.r.l., Milano.
E. F. Schumacher, 1990, Lo pequeño es hermoso. Herman Blume Ediciones, Madrid.
H. De Soto, 1990, El Otro Sendero, Instituto Libertad y Democracia, Oveja Negra,
Perú.
A.Toffler, 1989, The Third Wave, Bantam Books, USA.